Se fue la luz

24/05/2012

Hacía mucho tiempo que no me ponía el traje que estaba guardado en mi closet. Esto se hacía evidente gracias a la incontenible tos que me produjo la densa nube de polvo que despidió con sólo levantarlo. Metí mi mano dentro del saco y sentí que todas las piezas estaban allí: el saco, una camisa, el chaleco, el pantalón y la corbata. Está última me até lo mejor que pude, ya que nunca había aprendido realmente a anudarla de la forma correcta. Una vuelta por aquí, otra por allá, se saca la lengua y ¡saz! Así no es. Quedó muy corta. Otra vez. Demasiado larga. Otra vez. Así mismo es, creo yo.

El traje completo me esperaba acostado en la cama mientras regresaba de mi ducha. Me sequé el cabello y me lo peiné con relativa delicadeza, por lo general no prestaba mucha atención a este detalle, pero hoy tenía tiempo para hacerlo. Me sorprendió la cantidad de botellas vacías de perfume que no sabía que tenía, nunca las boté quizás porque siempre pensé que les quedaba un poco aún que podía utilizar. Luego, los zapatos. ¿Dónde estarían esos zapatos? En la profunda oscuridad del closet habitaban seguro millones de monstruos que comían telarañas y tiempo, bajo la montaña de pares de calzado que nunca tenía tiempo de poner en su sitio. Ahora que lo pienso, el desafío no era ya encontrar mis zapatos de vestir, era encontrar un simple par completo. ‘El celular’, pensé. Quería utilizarlo para iluminar mi camino, pero recordé que no tenía batería. Así que no hubo otra opción que lanzarse a la aventura de encontrarlos a través de mis demás sentidos, el tacto y el olfato serían especialmente esenciales para encontrar un par de mocasines de cuero, negros como la oscuridad en la que habitan.

‘¡Aquí están!’, pensé triunfante. Y eran realmente ellos. Eran los únicos que estaban juntos. Desde hacía tantos años, por supuesto. Me los calcé de inmediato, y busqué algo para pulirlos lo más que podía, para hacerlos al menos presentables.  Finalmente estaba listo.

‘¿Listo?’, escuché desde el otro lado de la puerta, a lo que respondí ‘¡Listo!’, de la misma forma entusiasta. Abrí la puerta despacio, asomándome hacia el pasillo en la penumbra. Justamente del otro lado, otra figura como yo, exactamente en el lado opuesto, replicaba mis acciones dejando ver apenas su rostro con el resto de su cuerpo oculto detrás de la puerta. ‘¿A la cuenta de tres?’ pregunté. Y a la cuenta de tres salimos a nuestro encuentro.

Allí estaba. Si figura estaba compuesta de una manera que parecía no recordar, desconocida y a la vez perfecta. Hacía tanto tiempo que no nos encontrábamos de esta manera, preocupados por impresionar al otro, tomándonos el tiempo y la dedicación para una sorpresa. La luz de las velas que estaban sobre la mesa del comedor sabían encontrar los ángulos ideales para resaltar su belleza, y cada perfil, cada curva y cada facción parecían una armonía compuesta por el más experto concertista. No podía creer que hacía tanto tiempo que no veía esto. Quizás era el elemento desconcertante de estar bajo una luz diferente.

Frente a nosotros se encontraba un festín de la comida más deliciosa y menos glamorosa del mundo. Una pizza de pepperoni y una botella de Coca-Cola. Eso si, bajo la luz de las velas y con platos y cubiertos. La velada avanzaba y cada vez más nos ahogábamos de la risa entre sorbos y mordiscos en lo más profundo de nuestros recuerdos, de nuestros momentos más especiales. Escuchar nuestra conversación fue como sentarse a pasar las páginas de un polvoriento álbum de fotos, de instantes capturados que reflejaban nuestras primeras veces, nuestras veces más memorables, las que nunca le contamos a nadie, y las que les contamos a todos a medias. Y cada momento en que no hablaba para escuchar, no podía dejar de contemplar mi vida frente a mis ojos, el lugar en donde había venido a parar, el camino al que nunca agradecí que me trajera hasta aquí, hasta este momento en que por un instante todo tenía sentido de nuevo. La oscuridad se sentía llena de las velas, y del reflejo de su belleza que abarcaba de forma despreocupada toda la habitación y más allá, desbordándose por las ventanas, subiendo las escaleras, invadiéndome el alma hasta el último rincón.

Y así justo cuando nuestro beso sucedería, cuando me acercaba para colocar mis labios entre los suyos, así tan inesperadamente como se había ido, decidió regresar de repente la luz. Instantáneamente, en la esquina opuesta, se encendía nuevamente el televisor. ‘Ahora, las noticias de las once.’, anunciaba el periodista.

‘Tengo que terminar de responder unos correos urgentes. ¿Recoges la mesa?’. Asentí con la cabeza. Bajé la mirada y me di cuenta de que mi corbata estaba amarrada incorrectamente después de todo. Y recordé que había correos que responder, platos que lavar, cuentas que pagar, cremas que aplicarse, dientes que cepillar, pijamas que ponerse y otro día que empezar. Y tan poco tiempo para hacerlo todo. El tiempo, como la luz, había vuelto.


Oda a un amor intrascendental

21/02/2010

Iba caminando con la cabeza baja, precisando continuar pateando la misma piedrita que ya venía tropezando con el pié desde hacía un rato, cuando de repente se me atravesaron otro par de pies que detuvieron mi caminata. Eran los más hermosos pies que alguna vez había visto. Estaban anidados por las más hermosas sandalias, cuyas delgadas tiras de cuero rodeaban los pies cual abrazo tierno y amoroso, que resaltaba la majestuosidad de su figura y porte, el epítome en carne viva de la más flagrante belleza que haya existido. Las uñas de sus dedos estaban cuidadosamente decoradas con un esmalte brillante y encendido, y a la vez sutil y recatado, que hacía un juego perfecto con la composición de aquellas estatuillas de ámbar. La piel de aquellos pies era dorada como ninguna, tenía la dosis justa y perfecta de melanina que haría a cualquier piel morena enverdecer de la envidia. Nada en ellos mostraba señal alguna de fatiga, sus curvas hermosas que iban desde el talón a los dedos reposaban sensualmente sobre la suela de una sandalia, que bien podría parecer como caminar en una nube. No podría alcanzar mi imaginación jamás siquiera acercarse a dibujar la clase de cadencia y suntuosidad con la que aquellos pies debían moverse. ¿Un ritmo sincrónico quizás? ¿O a lo mejor a un compás arrítmico, que sólo le pertenecía a aquel par de gemelos angelicales? La tierra nunca se había sentido tan extasiada de tener tan hermosas esculturas pisándola, conectándose con ella con cada paso que daban. Tanto placer sentiría la tierra por seguir sintiendo el ritmo de sus pasos sobre su superficie caliente, que estiraba su abdomen cada vez que aquellos pies salían a caminar, para hacerles más largo el camino y más lejano el final de la caminata. Era tal el espacio que ocup…-

- ¡SEÑOR! ¡HEY! ¡Aquí arriba!

-¿Si?

-Le pregunté si sabía donde quedaba un cajero automático por aquí.

-No tengo la más mínima idea señorita.

-Gracias…Viejo idiota.

Y así se fueron. Menos mal que aun me queda la piedrita.


Aquellas pequeñas cosas

19/10/2009

Hay días en los que la vida te da razones para estar contento. Hay días en los que no. Hay días que no quieres estar vivo. Hay días que no sabes para qué. A veces no nos damos cuenta de las cosas que nos motivan para vivir, e irónicamente las dejamos a un lado, y no les prestamos atención. Vivir es una aventura cuyo tiempo está contado desde el primer segundo, y aceleramos a través de cada obstáculo sin saber si quiera cual podrá ser el último que enfrentemos. Vivimos en un mundo de tecnología, sociología y política; vivimos tan preocupados por vivir “bien” que no vivimos. Debemos trabajar, estudiar, lograr cosas, pagar créditos, hacer colas en el banco, esperar a que te atiendan en el ministerio, mantenerse en espera al teléfono por el operador de la compañía celular, entregar los documentos, y otra plétora incontable de nimiedades que se consumen el tiempo de nuestra vida tan voraces como hienas. Y mientras tanto, ¿qué? La vida de tu madre se va pasando, la de tu hermano necesita de tu atención, la de tu pareja requiere apoyo, y la de tus amigos ruega comprensión. Estamos tan ocupados con las actividades cotidianas y desesperados por comunicar los sentimientos que queremos que tenemos que construir plataformas para unir lo que la misma tecnología y desarrollo ha separado. No soy ni un cínico ni un purista, la evolución de la humanidad puede ser irrefrenable, pero jamás debería haber sido a costa del alma. Gritamos en el vacío con una actualización de estado y así desalojamos el sistema, para luego pasar a atender nuestra atareada semana; y mientras tanto pasan días y segundos que podrías disfrutar amando, pero no todos los seres humanos creen que para eso estamos aquí. Cuando no éramos 6 billones de terrestres y la vida alcanzaba su expectativa a los 30, no teníamos “calidad de vida”, pero ciertamente no teníamos la maldita necesidad ansiosa y obsesivo compulsiva de trascender. La vida se acaba en un par de años y nosotros la gastamos procurando una manera de inmortalizarnos siendo recordados, como ya procurábamos antes de alcanzar la vida gloriosa y eterna del cristianismo. Al fin, pasamos la vida pensando en el después y no el ahora.

Probablemente sea culpable de ser intenso, pero si la vida no es para eso mismo, entonces ni me interesa saber para qué es. Así que decidí el día de hoy compartir este video para quien desee verlo y recordar, con el perdón de Serrat, aquellas pequeñas cosas que nos hacen que lloremos cuando nadie nos ve.


Mi héroe

16/09/2009

Para ti que me defendiste.

Nunca pensé que este día llegaría. El día en que tendrías que defenderme frente a las fauces del lobo. Sólo quiero decirte lo mucho que para mí significó una batalla como ésta.

Probablemente creas que no fue nada más allá de lo que se ve a simple vista, pero hoy fue más significativo que cualquier otro día que hayan visto mis ojos. Defendiste nuestro amor a capa y espada, y luchaste pacífica pero asertivamente por lo que es justo. Fuiste capaz de entregarte al miedo y al peligro, y saliste airoso y gallardo. Te atreviste a lanzarte por una colina en cuyo final probablemente nos esperaría el dragón hambriento, y aun así recogiste tu espada y luchaste sin pensarlo dos veces. Sin duda alguna el alumno siempre supera al maestro, y tú, como siempre y como con todo, lo haces con creces y con honores.

El mensaje es sencillo: Te amo. Punto. Más que a nadie, y más que a nada. En ningún momento podría estar más seguro, así como estoy seguro de que esto que tenemos entre nuestras manos también juro defenderlo hasta que yo me extinga. Te adoro. Punto. Como se adora a cualquier cosa que se sabe que en la vida se encuentra una sola vez, y de la misma manera te guardo y te protejo como un tesoro, dentro de mi corazón y resguardado con el ánimo de aquél que entiende al fin el valor de lo que posee. Y te quiero. Punto. Te quiero conmigo en cada segundo de lo que viva y en cada situación que se me presente, en cada rincón de mi casa y de mi existencia, quiero verte representado en cada una de mis vivencias, metas y aspiraciones.

Siempre pensé que nunca ningún príncipe iba a venir a rescatarme en su caballo blanco. Veo entonces que equivocado estaba.


Miércoles de Bellas Artes

16/09/2009

Como cualquier día éste había empezado. Razón tenían todas las madres que alguna vez dijeron que una vez en la calle quien sabe lo que a uno le podría suceder. Lo cierto es que el día de hoy, por ser lo más claro y lo más conciso posible, fui atacado e irrespetado por ser amoroso con mi ser amado. Tan sencillo como que la seguridad de un sitio público le parezca que un abrazo es “demasiada tocadera” y así de simple te condenan a salir expulsado cual corcho de botella por un supuesto crimen que hasta ellos mismos desconocen. En un sitio donde la cultura se promueve hacia los horizontes del futuro y el cambio, la tolerancia no parece estar dentro de los planes. Ciertamente todo aquello que la humanidad no comprende, como su primer impulso lo destruye. No voy a pedir perdón por querer amar a mi otra mitad sólo porque a otros no les guste o no lo comprendan, sencillamente seguiremos ganando espacios de una manera digna, como lo dice aquella fundación, lo único a lo que aspiro es el respeto.

Respeto sobre la forma de vivir de cada persona, respeto por el espacio que tiene cada ser humano en el mundo a disfrutar de su ser amado en cualquier forma que le plazca, y en el espacio que todos compartimos en este mundo. La tolerancia se observa en la distancia como un ideal estático e irrelevante, cuando la realidad es que dependemos de él como raza humana para sobrevivir en este mundo tan diverso. Así como todas las especies de seres vivos son tan distintas, a nosotros se nos dio el enorme regalo de ser distintos en nuestra propia especie, lograr ser únicos entre un mar de otros seres; y probablemente ello fue así gracias a que nosotros somos los únicos seres que podríamos ser capaces, gracias a nuestra curiosidad incansable y a nuestro sentimiento vivo, de disfrutarlo y abrazarlo.

Matarnos entre nosotros ha sido sin embargo nuestro pasatiempo favorito. Echarle la culpa al otro que no es otro sino nosotros mismos. Por el miedo y la ignorancia se desconocen los seres, y la red humana que podríamos tejer ni siquiera toma fuerza. Somos islas en un océano gigante, luchando por no hundirnos y a la vez pensando que hundir al otro es la única salida. Eso no pudiera estar más lejos de la verdad. Si las madres dejaran de tener miedo y se educaran a sí mismas y a sus hijos comprenderían que hay muchas clases de amor en el mundo, y siempre y cuando sea con las intenciones de acercarse sin herirse, siempre será tan sólo un color distinto del mismo objeto. Si los padres comprendieran que la verdadera meta de la vida no es el final sino el camino, comprenderían de una vez por todas que ser feliz un ratico vale más que luchar por serlo algún día. Si todos entendiéramos que la humanidad se creó para amarse y no para destruirse tendríamos una mirada más real sobre los estatutos que nos controlan. Le entregamos al verdugo el hacha para que nos degolle.

Amar debe ser tan sencillo como aceptar el amor del otro, tenga el paquete que tenga.


Obra de arte

19/05/2009

No puedo dejar de mirarte. Allí en aquella galería, solos tú y yo, estaba a punto de nacer un romance. Poco a poco me interesé en detallarte. Todos tus trazos y pinceladas, todas las marcas del tiempo y la vida, toda aquella hermosura intangible que encierras en tu marco de pino, en tu piel de lienzo crema. Podría tocarte, pero no se trata de eso. Prefiero en su lugar tan sólo observarte. Intento empezar a comprender la existencia de semejante obra de arte. Guardas el secreto de la creación entre tus óleos, me tientas con tus colores profundos, te burlas de mí invitándome a bailar entre tus brazos. No sé si quieres que te lleve conmigo. Deseo cargarte sobre mis hombros y huir lejos con tu cuerpo entre mis brazos, robarte de aquella galería llena de cuerpos austeros, necesitados desesperadamente de un pedacito de alma que a ti tan presumidamente te sobra. Tu arte es tan puro como tu sonrisa. Eres un millón de formas ansiosas por volcarse hacia afuera, eres esencia más allá de tu corpóreo caballete. Eres una obra tan hermosa que alcanzas abarcar más allá de un espacio delimitado, eres algo que aun la imaginación arrullada por las musas no sería capaz de crear. Eres una de esas verdades universales que existen para asegurarnos que nuestra existencia sirve para algo. Y para que más sino para pasear galerías de arte y encontrarte. Quiero que seas la pieza fundamental de mi colección. Quiero que seas la colección misma. Eres como todas las obras de verdadero arte, cautivante, embelesadora, sencilla y a la vez tan compleja; eres ese vaivén entre mis piernas y a la vez las vibraciones de mi alma. Eres una obra incompleta, que sin embargo se preocupa en construirse a sí misma como la mejor obra que puede ser. Eres una obra que apenas empieza, eres el misterio de la tentación, eres la inocencia envuelta en picardía, eres una nube de secretos que me maravillan, eres la llave que abre la caja que encierra mi mariposa. Todo eso con sólo yacer allí en aquella pared, creyéndote a ti misma como otra pintura más entre miles. Son tan fuertes tus trazos y tan marcados, y a la vez tan frágiles ante los ojos inquisidores de la crítica. Ninguno de esos críticos sería capaz de juzgarte, pues sólo en ellos vive la envidia de no tenerte, de no poder comprender el enigma de tu ser. Crees que lo que hay dentro de ti no merece ser visto, pero lo que no sabes es que cuentas con un público ansioso de verte brillar. Lo que cuenta no es tu marco ni tu lienzo, lo que cuenta es el alma que encierran esas pinceladas de color, los secretos que ocultan esos relieves de óleo, el corazón que late de entre tus manos cerradas. Dedico a ti estas líneas desordenadas con la esperanza de que me dejes posar en ti mis sentidos, que me permitas completarte y formar parte de tus formas y tus diseños, que con tu mano me guíes para pintar dentro de ti, para luego llevarte a vivir conmigo, en mi galería de arte, donde podré contemplarte para siempre en tu gloria infinita, imperfecta, incompleta y a la vez tan profundamente maravillosa.


El blogoratorio

15/05/2009

Hace un par de días leí un texto que llamó mucho mi atención. Ese texto se llamaba: “El laboratorio de la escritura”. Es una pequeña entrevista a un autor argentino muy famoso de nombre Ricardo Piglia. En esta entrevista, entre muchas otras cosas, Piglia es interrogado acerca de su afición a la literatura, deseando saber de alguna manera acerca de los orígenes de éste como escritor. Parece un trabajo de un teórico que desea saber la secuencialidad de los hechos para estudiarlos y posiblemente saber la forma en la que se construye un escritor. Es un ejercicio que puede parecer fútil y probablemente condenado al fracaso, pero vale la pena ser revisado como todo en la teoría, a ver que nos resulta de todo esto.Ricardo Piglia nos cuenta entonces su propia historia.

“En 1957 me puse a escribir un diario, que todavía sigo escribiendo y que ha crecido de un modo un poco monstruoso. Ese diario es la literatura para mí, quiero decir que ahí está, antes que nada, la historia de mi relación con el lenguaje. Yo escribía para tratar de saber que era escribir: en eso (sólo en eso) ya era un escritor. Esos cuadernos se convirtieron en el laboratorio de la escritura: escribía continuamente y sobre cualquier cosa y de ese modo aprendía a escribir o al menos aprendía a reconocer lo arduo que puede ser escribir.” (PIGLIA, Ricardo. Crítica y Ficción. “El laboratorio de la escritura” Editorial Anagrama. Buenos Aires, Argentina. 1986)

Sinceramente adoré este pequeño fragmento desde el instante en que lo descubrí. Esperando que no parezca pretencioso, fue sumamente sencillo identificarme con esta imagen. Todos los que deseamos escribir, y ser buenos en ello claro está, deberíamos llevar el diario a la práctica. De esta manera, un diario puede ser una forma hermosa y extraordinaria de relatar nuestra historia. Algo tan sencillo como un diario, puede ser considerado como literatura bajo estos parámetros. Un objeto cuya función es dar cuenta de la historia de nuestra relación con el lenguaje. Suena como una tarea épica.

Pero a la vez eso es lo que me maravilla de este texto y su reflexión. La idea de un lenguaje maleable y capaz de ser transformado en cosas hermosas es sencillamente cautivadora. Cada escritor en botón es un niño que juega con la plastilina del lenguaje a crear su propio mundo. Con lápiz y papel son capaces los escritores de darnos universos maravillosos a partir de una ficcionalización de su alrededor. El escritor es un artífice preciso y delicado que es pintor y escultor a la vez de realidades usando palabras. En esto reside la majestuosidad de quien escribe. La palabra es el elemento más profundamente humano e inherente de nuestra naturaleza como humanos, y a la vez es también quien da vida y realidad a nuestro entorno. Sin la palabra no habría pensamiento. ¿Cómo hablar de un árbol si no sabemos su nombre? El primer instinto que nace en nosotros ante lo desconocido es nombrarlo para poder discutirlo. Los escritores son los artistas que toman estas palabras, las mismas que son tan cotidianas, y las convierten en algo mágico y hermoso, con cadencia, ritmo y movimiento; son capaces de inyectarles vida a algo que parece a primera vista rutinario y aburrido.

Y aunque un diario pueda sonar anacrónico y forzado en estos días, existe la posibilidad de enriquecer nuestras entradas en el diario con comentarios de otras personas, que pueden ayudar a construir un mejor tipo de escritura en quien escribe. Esto es lo que un blog puede ser. La genialidad de este mecanismo reside en que nuestro laboratorio puede crecer aun más a partir de la adición de factores externos a nuestra visión del mundo, que como escritores (o más bien laboratoristas de la escritura) podemos abrirnos a las posiblilidades infinitas que ofrece el ser experimentadores y a la vez objetos de experimento al ojo público mundial. Quiero convertir esta tribuna en mi mesa de experimentos. Crear a partir de la vida misma y relacionarme con el lenguaje vivenciándolo y saboreándolo.

Un escritor es alguien capaz de convertir la palabra en arte. Y eso es lo que deseo hacer.


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