Obra de arte

No puedo dejar de mirarte. Allí en aquella galería, solos tú y yo, estaba a punto de nacer un romance. Poco a poco me interesé en detallarte. Todos tus trazos y pinceladas, todas las marcas del tiempo y la vida, toda aquella hermosura intangible que encierras en tu marco de pino, en tu piel de lienzo crema. Podría tocarte, pero no se trata de eso. Prefiero en su lugar tan sólo observarte. Intento empezar a comprender la existencia de semejante obra de arte. Guardas el secreto de la creación entre tus óleos, me tientas con tus colores profundos, te burlas de mí invitándome a bailar entre tus brazos. No sé si quieres que te lleve conmigo. Deseo cargarte sobre mis hombros y huir lejos con tu cuerpo entre mis brazos, robarte de aquella galería llena de cuerpos austeros, necesitados desesperadamente de un pedacito de alma que a ti tan presumidamente te sobra. Tu arte es tan puro como tu sonrisa. Eres un millón de formas ansiosas por volcarse hacia afuera, eres esencia más allá de tu corpóreo caballete. Eres una obra tan hermosa que alcanzas abarcar más allá de un espacio delimitado, eres algo que aun la imaginación arrullada por las musas no sería capaz de crear. Eres una de esas verdades universales que existen para asegurarnos que nuestra existencia sirve para algo. Y para que más sino para pasear galerías de arte y encontrarte. Quiero que seas la pieza fundamental de mi colección. Quiero que seas la colección misma. Eres como todas las obras de verdadero arte, cautivante, embelesadora, sencilla y a la vez tan compleja; eres ese vaivén entre mis piernas y a la vez las vibraciones de mi alma. Eres una obra incompleta, que sin embargo se preocupa en construirse a sí misma como la mejor obra que puede ser. Eres una obra que apenas empieza, eres el misterio de la tentación, eres la inocencia envuelta en picardía, eres una nube de secretos que me maravillan, eres la llave que abre la caja que encierra mi mariposa. Todo eso con sólo yacer allí en aquella pared, creyéndote a ti misma como otra pintura más entre miles. Son tan fuertes tus trazos y tan marcados, y a la vez tan frágiles ante los ojos inquisidores de la crítica. Ninguno de esos críticos sería capaz de juzgarte, pues sólo en ellos vive la envidia de no tenerte, de no poder comprender el enigma de tu ser. Crees que lo que hay dentro de ti no merece ser visto, pero lo que no sabes es que cuentas con un público ansioso de verte brillar. Lo que cuenta no es tu marco ni tu lienzo, lo que cuenta es el alma que encierran esas pinceladas de color, los secretos que ocultan esos relieves de óleo, el corazón que late de entre tus manos cerradas. Dedico a ti estas líneas desordenadas con la esperanza de que me dejes posar en ti mis sentidos, que me permitas completarte y formar parte de tus formas y tus diseños, que con tu mano me guíes para pintar dentro de ti, para luego llevarte a vivir conmigo, en mi galería de arte, donde podré contemplarte para siempre en tu gloria infinita, imperfecta, incompleta y a la vez tan profundamente maravillosa.

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